CARLOS ALTAMIRANO RECIBE EL PREMIO PLAGIO A LA CREATIVIDAD ARTÍSTICA 2025

El artista visual chileno Carlos Altamirano fue reconocido con este galardón que entrega por tercer año consecutivo la Fundación Plagio a creadoras y creadores con gran trayectoria que han transformado el campo de la literatura y las artes visuales.

Ícono de la Escena de Avanzada desde los años setenta, Altamirano ha desarrollado una obra fundamental para el arte contemporáneo chileno, caracterizada por una revisión crítica de la historia del arte nacional a través del grabado, la pintura, la instalación y la fotografía. Fue parte del núcleo teórico-artístico junto a Nelly Richard y Carlos Leppe que impulsó espacios clave durante la dictadura.

“Por tercer año consecutivo, nos enorgullece poder reconocer el trabajo y la trayectoria de diversos creadores nacionales, quienes se han mantenido en los márgenes, generando obras innovadoras y relevantes. Particularmente, Carlos es un artista esencial para entender el arte contemporáneo en Chile y su obra ha construido un imaginario único, desafiando cánones y proponiendo una relectura personal y aguda de nuestra cultura visual”, destaca Soledad Camponovo, coordinadora general de Fundación Plagio.

El jurado, conformado por Catalina Valdés, Roberto Careaga, Gonzalo Pedraza, Alejandra Costamagna y Carmen García Palma, destacó la coherencia y radicalidad de una práctica que, desde los años setenta, ha cuestionado los límites del arte y sus instituciones, construyendo una contra-historia visual del Chile reciente.

Junto a Altamirano, también fueron reconocidos los escritores Pía Barros, José Ángel Cuevas y Carlos Cociña, y la artista visual Virginia Errázuriz. Como parte del reconocimiento, Fundación Plagio organizará durante mayo y junio un ciclo de encuentros gratuitos con los cinco creadores en la Universidad Diego Portales. 

Revisa el documental del ganador aquí.


Discurso Carlos Altamirano al recibir el premio:

Comienzo con una confesión: soy un plagiador, un imitador, un copión. Por eso, felicito la perspicacia de la Fundación Plagio, que me reconoce como a uno de los suyos. 

Siempre me ha maravillado la inteligencia ajena, y una vez leí que la originalidad no es más que una imitación inteligente. Se lo leí a Voltaire, así que le creo. Por lo mismo, dedico sin culpa mucho tiempo a observar e imitar cómo hacen las cosas los demás. Lo que las hacen bien y a los que no les resultan.  No solo los artistas, sino todos los demás. Y lo imito en todo: gestos, gustos, mañas, frases, apariencias, ideas contradictorias entre sí, algunas incomprensibles a primera vista pero con una esencia intangible que las hace contagiosas. 

La creatividad no surge en el vacío ni desde el vacío. La creatividad es una manera de reutilizar lo que está disponible. Acumulo en un rincón de mi cerebro (y también en cajas) copias de lo que podría servirme. Las cuido hasta que se reconocen –o las reconozco– como mías, y las saco a la intemperie, a veces muy distintas de las originales pero siempre impregnadas con las huellas de su pasado, y trato de designar como arte el misterio siempre huidizo que se encuentra agazapado ahí.